martes, 2 de febrero de 2010

Estos tres temas van de la mano ... Afectan no sólo a España, sino a toda la Unión Europea ... Hay que debatirlo como un único problema ...



Ayer falleció en Afganistán un soldado del Ejército español con nacionalidad colombiana en un atentado contra las fuerzas humanitarias de la ONU en cual participa España. A sus 21 años, John Felipe Romero Meneses, era un inmigrante colombiano que vivía con parte de su familia en Mollet del Vallés.

Y digo yo, si un joven inmigrante colombiano es digno que fuera bajo la bandera española defendiendo acciones humanitarias, más digno será que siguiera vivo entre nosotros. ¿O es que ya no hay sitio para inmigrantes como dicen algunos innombrables políticos en activo? Será que habrá sitio cuando hay que hacer el “trabajo sucio” de cual muchos españoles rehuimos pero no habrá sitio para disfrutar juntos una vida de calidad según la capacidad de cada uno.

Empiezo tratando el problema global del paro y la edad de jubilación desde el problema de los flujos migratorios porque a mi humilde entender, aquí radica la clave de una solución a medio-largo plazo.

He escrito varios blogs desde 2005 (ver en mi Blogger) sobre el problema de la inmigración porque el asunto tratado como menos prioritario en los años ’90, hoy es un asunto de primer orden no sólo como problema por su inapropiada regulación a nivel europeo sino porque es un eslabón vital para la solución de los problemas de liquidez de los sistemas de pensiones y el nivel del desempleo en toda la Unión Europea. El camino adecuado arranca en saber legislar con buen criterio en este preciso momento. El flujo migratorio no sólo es de extranjeros sino de europeos que emplean la movilidad entre Estados Miembros de la UE, con una quincena pertenecientes al Acuerdo Schengen, la filosofía de la Europa sin fronteras.

Los inmigrantes no sobran, si se desea tener población activa, tanto por su aportación en ocupar puestos de trabajo más allá de los que los europeos ya no queremos, sino también para elevar las bajas tasas de natalidad que ha hecho que seamos un continente envejecido. Lo que sucede es que la falta de un plan estratégico de asimilación de la “nueva fuerza laboral” extrapolada a la “capacidad de creación del trabajo de calidad” ha conducido a un desajuste precisamente en momentos de la crisis económica.

Sepamos las verdades del panorama laboral español que no es el único que atraviesa por momentos difíciles en el marco de la UE.

1. España ha demostrado capacidad de crear empleo el pasado lustro, aunque la mayor parte de ese empleo no haya sido ni de calidad ni en campos competitivos e innovadores.

2. Ante el aparente boom de la economía española en ese mismo periodo y la bonanza europea de la Eurozona, los flujos migratorios de extranjeros y nacionales de otros países europeos ha sido hacia países como España, Irlanda o Reino Unido, donde la construcción y actividades de servicios al consumo florecían.

3. Debido a la ausencia de supervisión en los flujos fronterizos y la carencia de tutela de las radicaciones de residencia desde 1995 hasta 2005, la población irregular no censada creció sin una adecuada planificación de las prestaciones sociales garantizadas a todo ser humano en territorio español, regularizado o ilegalmente residiendo en España.

4. En ese mismo periodo (1995-2005), con el auge de la economía liberalizada vinculada a la irracional urbanización de terrenos rústicos recalificados, la necesidad de una mano de obra no cualificada para empresas que florecieron al amparo de pelotazos urbanísticos tantos a la sombra de las zonas metropolitanas como las costeras de segunda residencia, sirvieron de reclamo tanto para extranjeros de otros continentes (África & Latino América) así como ciudadanos europeos de países en proceso de adhesión o recién incorporados Bulgaria, Rumania & Polonia) a la UE.

5. Al desinflarse la burbuja inmobiliaria con la quiebra de numerosas constructoras de distinto tamaño, el mercado laboral se vio inundado de desempleados no cualificados, entre los cuales también figuraban españoles, que comenzaron a postularse para otros puestos de trabajo haciendo la competencia a trabajadores mejor cualificados pero que cobraban más. Empezó la puja a la baja en un mercado laboral donde 3 de cada 4 trabajadores en 2002 tenía un contrato renovable y solamente uno poseía el contrato indefinido. Encima, los de contrato indefinido ocupaban más puestos en el sector servicios o eran mandos en las PYMES.

6. En España, se ha promocionado al trabajador sobre la base de su antigüedad o lealtad presumida, con poco margen para promover al más cualificado y/o competente, por lo que nuestras empresas tiene cúpulas bastante incompetentes en dotes de mando y liderazgo para la competitividad del mundo globalizado.

7. Encima, se ha permitido, y ello promovido por nada menos que Carlos Solchaga como Ministro de Economía y Joaquín Almunia (actual Comisario de Competencias de la UE) como Ministro de Trabajo durante la Reconversión Siderúrgico-Naval en 1984, la pre-jubilación a los 55 años, con un coste a las arcas del Estado Español y el nacimiento de una economía sumergida que perdura.

Hoy, en plena cuesta de recuperación de la recesión por la crisis económica-financiera mundial, España está padeciendo las consecuencias de 25 años de mirar hacia otro lado mientras hubo los momentos de bonanza entre 1999 y 2006. No sólo basó el Gobierno Aznar en sus dos mandatos la economía sobre dos pilares – consumo y construcción – para respaldar el crecimiento que permitió a ingresar en el Club del Euro sino que bendijo la globalización aplicada a una economía española que aún estaba en pañales para jugar al ritmo alemán o francés. La inesperada llegada de los socialistas a La Moncloa tras el trágico 11-M en 2004 debió representar la oportunidad de dar un giro a la política liberal globalizada del anterior gobierno. Sin embargo, el primer gobierno de Rodríguez Zapatero prefirió aplicar talante, evitando provocar a los intereses creados de las constructoras e inmobiliarias. Tampoco hizo nada el gobierno por moderar la vorágine consumista de una ciudadanía que se había malacostumbrado al “España va bien” y a tirar de “dinero de plástico” para vivir por encima de sus posibilidades reales.

Si los gobiernos de Aznar tras varias intentonas fueron incapaces a implantar una Ley de Extranjería en condiciones, teniendo que ser sometidos hasta a la reprobación del Tribunal Constitucional, el primer gobierno de Rodríguez Zapatero fue lento de reflejos al no actuar de inmediato para poner orden en este tema nada más surgió el conflicto de las vallas de Ceuta y Melilla. Cierto que se logró entonces que la UE abriera los ojos e instaurara Frontex, pero España no ejerció autoridad al permitir que la sede del organismo fuera Varsovia en lugar de una ciudad española del Mediterráneo. Alemania impuso a Polonia, y así blindó mejor sus fronteras con los nuevos Estados Miembros provenientes del Este de Europa.

Finalmente en 2009, ya en plena crisis, cuando se aprueba la nueva ley relacionada con la inmigración, nadie de la oposición lleva al debate en su tramitación puntos que pocas semanas después ya en enero de 2010 han traído cola por las maneras de empadronamiento de algunos municipios españoles. Y aquí nace un debate que si no se corta de raíz daría pie a racismo y xenofobia en nuestro territorio, del mismo modo que lo provocan personajes como Berlusconi, Maroni & Bossi en Italia, o Wilders en los Países Bajos.

¿Queremos crear odio hacia los extranjeros que viven entre nosotros y una falsa creencia que los parados españoles lo están únicamente por la inmigración?

Nada más lejos de la verdad. Igual que el empleo se creó rápidamente a la sombra de las burbujas inmobiliaria y del consumo, se han destruido ante una crisis y por la precariedad de esos puestos artificialmente creados. Lejos de estar a la altura del reto, todos hemos contribuido hacia un deterioro del panorama laboral –

Ø los empresarios por su mala estrategia a medio-largo plazo

Ø los trabajadores por no prever su reciclaje y mejor capacitación

Ø los agentes sociales por su cómoda complacencia

Ø los políticos por su falta de valor para afrontar retos

Ø los gobiernos de distintos niveles por falta de previsión

Ello ha conducido a tener que revisarlo todo, aunque ya auguro que no será suficiente reformas puntuales sino una transformación neta desde los conceptos fundamentales de lo que son los derechos de los ciudadanos y residentes (legales o no), las estructuras sociales y empresariales, y la capacitación competitiva de toda una población activa irrespectivo de su franja de edad.

(seguirá ....)

Fernando Fuster-Fabra Fdz.

Experto en Relaciones Humanas

& Estrategias